jueves, 18 de octubre de 2012

Barça-Real Madrid: Los ejércitos de la política



Camp Nou durante el encuentro del Barça-Madrid  el 
7 de octubre (Web)
Al encuentro Barça-Madrid del pasado domingo se le dio un nuevo sentido que añadía al interés deportivo del partido uno de índole política: la reivindicación de la independencia de Cataluña. Los días precedentes al acontecimiento estuvieron marcados por varios anuncios de lo que iba a tener lugar y mostrarse en el Camp Nou: una bandera de Cataluña que, posteriormente, se pudo ver en las gradas, un cántico, una pancarta en la que se leía ‘Catalunya, European next state’ y cartulinas que formaron un  gran mosaico de la bandera.
La polémica independentista parece afianzarse y alzarse con más fuerza en el contexto de crisis económica. Durante la pasada Eurocopa, con la victoria de la Selección Española, las cosas eran distintas y aún no se había recrudecido tanto la situación. Además, aunque fuese a nivel deportivo, España estaba ganando. Al igual que en muchas comunidades de España, en Cataluña también lucieron algunas banderas nacionales y se celebró el triunfo con la misma alegría. Entonces el fútbol sirvió, en cierto sentido, como un instrumento socializador que propició un estallido del nacionalismo español. Con el Barça-Madrid el conflicto  pasó del campo de juego a la política. Mientras algunos directivos daban muestra de su oportunismo, —  Laporta, ex presidente del F.C. Barcelona, señaló que al igual que el Barça era símbolo de Cataluña, el Madrid lo era de España—, los jugadores parecían los únicos que se mantenían al margen mostrando un interés únicamente deportivo. Sin embargo, ese día los clubs pasaron a ser ejércitos de la política.
Casillas con la bandera de España y 
Xavi Hernández con la de Cataluña, 
en la Eurocopa 2012 (Web)
Es cierto, y un dato relevante para muchos catalanistas, que la línea fuerte de jugadores de la Selección pertenece al Barça, pero también hay otros.  Del mismo modo, como señalaba  la diputada socialista Carme Chacón, el Barça no sería lo mismo sin esos otros jugadores que no son catalanes, por lo que conviene “no mezclar la política con el futbol”.  La apropiación del equipo como símbolo político divide a la afición, dejando fuera a muchísimos aficionados de peñas deportivas culés no catalanas que, cansados del conflicto independentista, lo único que defendían era el respeto al deporte. Habría que preguntar a la afición catalana si su único apoyo a la selección española el pasado mes de julio venía por estar compuesta en su mayoría por jugadores del Barça. Si no, no tendría sentido que hondearan tantas banderas españolas en Cataluña y que ahora se pase a 


mirar con desprecio la ‘marca España’. Quizá en ese momento no se habían visto tan claramente los cuernos al toro de la crisis. Ahora, que España pasa por el peor momento económico y el mayor descontento social, la política nacionalista ha sabido sacar partido y politizar el deporte. Si España va perdiendo es más comprensible que nadie quiera estar en su equipo y, de la misma forma, resulta más fácil convencer a la población de hay que luchar para estar fuera de ese equipo desde todos los ámbitos, incluido el deporte.
Durante el desfile militar del Día de la Hispanidad han vuelto a estar presentes los dos temas estrella: la crisis y el independentismo catalán. Uno de los lemas del desfile en Madrid ha sido: 'Nuestra fuerza somos todos', que ha sabido jugar un doble sentido en relación a la importancia de la unión: El primero por parte de los militares, que han dejado claro que en la crisis todos hacemos un esfuerzo y por ello el dinero dedicado a la celebración ha sido menor que el de otros años. El segundo, como señaló el Ministro de Defensa, Pedro Morenés, en referencia al conflicto con Cataluña: “los españoles juntos y unidos somos muchos más dentro y fuera de España, que desunidos”. Y como contrapunto a las últimas movilizaciones, este día en Barcelona se concentraron para rechazar el independentismo y defender la unidad de España. Mientras tanto, otros defendían la autodeterminación.
Es vieja la utilización del fútbol por la política y son muchos los que han sabido ver el poder del fútbol a la hora de manipular a la gente y aficionados que  por nada del mundo van a dejar de defender a su equipo. Si  a esa devoción por los colores se le añade un significado en política, el fútbol podría proporcionar unos cientos de votos ganados, en este caso, a favor de la independencia. 

martes, 2 de octubre de 2012

Indignados con paso firme



Lo que comenzó como una marcha pacífica  de indignados que pretendían rodear el Congreso de los Diputados, acabó convirtiéndose en una auténtica batalla entre policías y manifestantes
La marcha 'Rodea el Congreso. Rescata la Democracia' avanzaba con decisión desde Plaza de España, presidida por una gran pancarta: ‘Que se vayan todos’. En su seno ondeaban varias banderas de la república junto a algunas pancartas con lemas como: ‘NO’, ‘Basta ya’, ‘Rescatar la democracia’ o ‘La constitución a muerto’, etc. Junto a jóvenes con rastras y dilataciones en las orejas se ven a familias con sus hijos y mayores, todos con la misma cara de indignación, caminando juntos e iluminados por cientos de flashes. 
Al llegar al edificio del PSOE, en Gran Vía, los gritos se intensificaron. La gente levantó la cabeza hacia arriba: alguien ha sacado una bandera de España por una de las ventanas y la agitaba “provocando”, mientras que abajo en la calle aumentaba el descontento. La marcha estaba prevista para las 6 de la tarde, pero llegar fue complicado. Unos venían desde Plaza España y otros desde el Paseo del Prado;  la idea era confluir en todas las calles que daban acceso al edificio, pero todos se encontraron el paso cerrado a unos metros del Congreso.
Un joven con camiseta de bombero cuenta que se ha quedado sin trabajo; habla de que no le han dejado otra salida más que esta y pide la caída de todos los políticos… Un testimonio que se asemeja al de muchos otros. Algunos dan ejemplos de lo que creen que debería hacerse, “en Japón, abdicó un ministro tras prometer algo que luego no cumplió. Así debería ser aquí…” nos cuenta un joven estudiante. También podemos oír como los grupos que avanzan conversan compartiendo opiniones sobre el caso de Islandia o Alemania. En general, un rechazo a la política y a los políticos. Varias mujeres con unas camisetas verdes que ya hemos visto en otras manifestaciones por la educación, nos dan panfletos que recogen todas las promesas hechas por el PP antes de las elecciones y todo lo incumplido tras éstas. Mientras esta masa avanza sin intención de parar hasta llegar a su destino, transeúntes con bolsas de compras se cruzan sin inmutarse. Jóvenes esperan haciendo cola junto a la FNAC para adquirir las entradas de algún concierto y un hombre de mediana edad les grita: “O protestáis un poco, o vais de culo”…
En la Puerta del Sol nos encontramos con la primera calle cortada; seguimos hacia arriba para dar un rodeo y giramos a la derecha hacia el Congreso, pero no, por aquí también está cortado el paso. Ocurre lo mismo con las dos calles siguientes. Un gran dispositivo policial se había extendido ya por todos los accesos posibles. Nos unimos a un grupo de gente con pancartas que avanzan por lo que puede ser una brecha, pero al llegar a la Plaza de Canalejas volvemos a toparnos con un cordón policial. La gente les grita: “¡Policía, únete!”, ante lo que algunos miembros del cordón sonríen disimuladamente.
Todo parecía tranquilo en esta zona pero, a pesar de que desde un principio se prohibieron las ‘expresiones violentas’, la presión policial y el descontento hicieron que la gente no tardase mucho en estallar.  Hacia las siete de la tarde, en Neptuno, se produce la primera carga seguida de otras tantas. Los medios hablan de unos 1400 policías, muchos más eran los manifestantes. En círculos pequeños se producían enfrentamientos y se repartían golpes, pero la mayoría de la gente que había alrededor seguía sin moverse. Tras unas horas más  de disparos con bolas de goma, botellazos y pedradas, la gente se comenzó a disgregar, y muchos fueron guiados hasta la Estación de Atocha, donde tuvieron lugar más detenciones y enfrentamientos.
Algunos estudiantes y personas mayores no tenían intención de acudir a la marcha, decían que por miedo a que les ocurriese algo. A pesar de haberse convocado como una marcha pacífica, el enorme despliegue policial ya dejaba claro desde el día anterior que se esperaba ver algo más que un paseo.  Las redes sociales se  hicieron eco de lo que iba sucediendo durante toda la tarde, y continúan difundiendo vídeos e imágenes. Cientos de opiniones por minuto con la etiqueta #25-S, como la de Miguel Ángel Medina  que decía: “Cuando una democracia tiene tanto miedo de sus ciudadanos es que algo no está haciendo bien”. Otros recordaban los vestigios del 15-M, un movimiento que caló bien en la mente de muchos, convirtiéndolos en ‘indignados’. Algo breve pero más intenso ocurrió antes las puertas del Congreso de los Diputados.
Hacia la madrugada se disiparon los restos que quedaban de la manifestación. A pesar de que no consiguieron rodear el Congreso del todo, se acercaron bastante. Los primeros días de otoño y frío han traído de vuelta ese sentimiento de indignación que parecía haberse relajado durante el verano. Pese a los heridos y a la falta aparente de consecuencias políticas de la manifestación, para muchos ha quedado claro que la ciudadanía no tiene intención de rendirse a la primera.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Un drama para todos


La desaparición de los niños de Córdoba se vive en las casas como un serial televisivo de novela policiaca
José Bretón ha sido acusado de dos delitos de asesinato con alevosía con agravante de parentesco, pero hasta este momento no había sido acusado oficialmente del asesinato de sus hijos. Sin embargo, el presunto asesino se mostraba como un monstruo en las portadas de los medios desde mucho antes. Prácticamente cualquier español conoce a día de hoy los nombres de Ruth y José y sus rostros, sus fotografías se han exhibido al máximo en los medios de comunicación desde el momento de su desaparición el pasado año.
Los medios han repetido el tema hasta la saciedad, la mayoría de las veces sin nada nuevo que aportar. José Bretón está en la cárcel desde octubre por simulación de delito. Los últimos acontecimientos (el segundo informe que detallaba que los huesos hallados no eran de animales, sino de niños; el error policial y las últimas pruebas que apuntan a que los pequeños pudieron ser quemados en un horno), no han hecho más que avivar un drama que se ha colocado, como si de una pieza de teatro se tratase, en el centro del escenario mediático.
A la espectacularidad del crimen se ha sumado un tratamiento mediático nada inocente. El conflicto principal que se esconde tras este suceso no es distinto al de otros casos de violencia de género. Expertos psicólogos han señalado que lo peculiar del caso es que en lugar de matar a la mujer como en la mayoría de los delitos de violencia doméstica, Bretón la deja vivir para causarle un mayor sufrimiento tras la desaparición de sus hijos. Las declaraciones y comentarios de las televisiones y la prensa se vuelcan hacia la perversión del criminal, su frialdad  y su personalidad calculadora, posesiva y obsesa; algo que no hace sino ocultar o desviar la atención de la verdadera razón del crimen. El conflicto comienza en el momento en el que la madre decide separarse de su marido, pero el machismo y la relación de poder y pertenencia que Bretón tiene con respecto a su mujer y sus hijos no le permiten aceptar esta decisión. Se trata de un caso de despecho llevado al límite, en el que se sirve de los hijos como arma. En lugar de destacar este aspecto, la información dada parece que nos lleva más a alabar o dar bombo a la “inteligencia” del padre por los métodos que habría utilizado.  
Sin embargo, muy pocas noticias hablan de la vulnerabilidad de los hijos como el elemento principal de la historia, algo que se pone de manifiesto en este caso. Por encima de todo ello, un lenguaje acusador y claramente posicionado es el que utilizan los titulares de las distintas ediciones ‘Bretón y el club de los peores filicidas’ (ABC 29/08/12), ‘La hoguera de la venganza’ (El País 01/09/12), ‘Cerco al monstruo’ (El País 02/09/12), etc. Calificativos como ‘monstruo’ y ‘asesino’ son usados sin demasiado respeto a la presunción de inocencia. Además, desde el día de la desaparición prácticamente puede encontrarse  una o más noticias por día en las que se habla del caso, centrándose en la desesperación de la madre, en el proceso de búsqueda y en la impasibilidad del marido ante los acontecimientos.
El propio nombre del caso, “el caso de Ruth y José”, pone de manifiesto el juego emocional que se lleva a cabo en la prensa, los nombres de los niños tienen prioridad frente a otras denominaciones como “caso de Las Quemadillas” o “caso Bretón”, puesto que es él el acusado. La misma conclusión puede extraerse al observar el bombardeo de fotografías de los menores. En las ediciones digitales sí que se pueden encontrar algunos artículos que centran más la atención en la personalidad del  padre y dan prioridad al machismo, sin convertir este es un hecho aislado, como ‘Bretón, el padre que “cosifica” a sus hijos’ (Diario de Sevilla 10/9/12)  o ‘Comparecencia con un machismo asesino’ (El Periódico.com 04/09/12).
Descripciones detalladas de cómo habría llevado a cabo, supuestamente, el asesinato de sus hijos, con los detalles más innecesarios sobre la hoguera, la posición de los cadáveres  o cómo habría cubierto los cuerpos con sabanas y los habría rociado con gasolina. Algo que en las últimas noticias se especifica como “demostrado empíricamente”, pero que hasta entonces ya era más que una suposición para la mayor parte de la población.
Estamos ante la tragedia de una familia llevada a la pantalla y convertida en negocio como si de una tv-movie se tratase. El caso es que apenas ha habido información novedosa en todo un año en torno al crimen, pero eso no ha sido obstáculo para que el asunto se haya hecho eco de la mayor de las atenciones. Algo que si bien ha servido a la madre para obtener un enorme apoyo, también ha contribuido a llevar la realidad hasta un punto en el que todos señalan con la mano al culpable antes de que se conozca el dictamen del juez. A lo que se añade la última decisión conocida de que un jurado popular sea el encargado de la decisión, un jurado que posiblemente ya había tomado su decisión al mismo ritmo que las portadas de la prensa. Del mismo modo, el caso ha llevado a una especie de inseguridad y rechazo hacia los procedimientos policiales tras  conocer el error que se cometió.  Las palabras asesino, justicia, culpable, impasible, frialdad, etc. han estado muy presentes en las noticias sobre el caso, desde el momento en el que el juez encargó un informe sobre la personalidad de Bretón.
En twitter se reclama cadena perpetua para Bretón (#CadenaPerpetuaParaJoséBretón), una exigencia en la que los medios han jugado un papel decisivo. Muchas cadenas han aumentado su audiencia dedicando programas, tertulias, debates y entrevistas a los niños desaparecidos (La Sexta, Telecinco, Antena 3, TVE) en los que el simple cotilleo se convertía en la actualidad del día. La prensa rosa ha llevado a cabo un juego constante con las emociones en el que se ha llegado hasta el punto de mostrar cierta fascinación por el acusado.  La realidad se ha convertido en una novela policiaca y se ha sabido sacar tajada de ello. Todo el mundo ha sentido en algún momento empatía por la madre y algo de curiosidad por conocer más detalles, los medios han jugado bien con la sensibilidad del público y han despertado un interés que ha ido creciendo en una sociedad que, sin lugar a dudas, podemos llamar ‘la sociedad del espectáculo’. 
La información ha hecho de Bretón un “personaje mediático”, lo que ha servido para alimentar el ego del presunto culpable y magnificar su actuación, mostrando cada vez más curiosidad por su personalidad,  por la frialdad con la que alguien podría ser capaz de matar a sus propios hijos, por el qué puede pasar por la cabeza de alguien que comete esa atrocidad. Una curiosidad que viene del no ser capaces de entender su manera de pensar al contemplar un acto que la mayoría de personas serían incapaces de cometer.  El drama de este caso ha sido el plato principal del verano y en especial del mes de agosto. La finca de Las Quemadillas ahora es un museo. Un museo en el que se colocan altares a los niños, se pegan pancartas y se pintan sus paredes.
Al mismo tiempo, el caso Bretón ha servido para apartar la mirada de la gente de la economía o la política por un tiempo. El tratamiento mediático recuerda al de otros casos como el de las niñas de Alcasser, u otros como el de Madeleine, que llevó a sus padres a la televisión y a ser protagonistas en los medios durante un largo tiempo; o el de Mari Luz, de la que se llegó incluso a hacer una película llamada ‘Días sin luz’ (2009).

miércoles, 18 de abril de 2012

Paraísos Amenazados



A Cazorla le cae a plomo un exceso de fama. Y nadie pasa o permanece indemne tras la popularidad

En las laderas exteriores del Valle se extiende Cazorla, la ciudad que da nombre a esta sierra; con sus casas pequeñas y blanquecinas salpicadas en la montaña, de calles empinadas y estrechas, que se refugian bajo la protectora roca. La Sierra de Cazorla, Segura y las Villas es la mayor zona protegida de España y la segunda de Europa, fue bautizada como Patrimonio de la Humanidad y ahora, es esa misma fama la que amenaza el encanto que tuvo una vez, cuando el olvido era  el mejor escudo frente a la explotación.
Cientos de visitantes llegan cada año a los rincones más conocidos del parque y acampan, pasean por caminos y veredas, visitan los ríos y se refrescan en el agua de sus pozas o pasan el día en sus merenderos. Los carteles publicitarios se triplican por todas partes, compitiendo con la exclusividad de los árboles e indicando multitud de lugares para ver. Pero, a diferencia de los museos, un Parque Natural no tiene indicaciones de no tocar aquí, no molestar o un ‘piense en el que viene después de usted’.
Ni la dura roca, ni las plantas, ni tampoco la fauna queda  intacta cuando pasa por ella el ser humano. Con ruidos que rompen en mitad de parajes remotos, con escudos de indiferencia por lo que se abre ante sus ojos, con vallas y verjas que delimitan lo que nunca fue de nadie…
El grado de protección del parque natural varía dependiendo de la zona y coexiste con actividades económicas, la mayoría, por no decir todas, derivadas del turismo y la hostelería. Su rica fauna alberga una gran cabaña de ciervos, cabras montesas, jabalíes, muflones y gamos. Además en estos últimos años se ha intentado reinsertar al amenazado quebrantahuesos. Entre sus montañas se halla la mayor extensión boscosa continua de pinares de toda España.
La roca de sus montañas, la pureza de sus aguas y la salvaje vegetación va empobreciéndose a medida que se enriquecen quienes se aprovechan de la fama del paraje.  La sobreexplotación turística es uno de los principales problemas a los que se enfrenta el Parque Natural de Cazorla, un turismo que no aprende de la sostenibilidad y el conservacionismo, que destruye allí donde llega.
Cuando los visitantes se marchan dejan tras ellos una huella que encontraran quienes vienen detrás. Y algunas huellas son tan grandes que acaban carbonizando montes enteros… La principal amenaza de todas son los incendios, que se producen cada vez con más frecuencia y destruyen bosques enteros, bosques que tardarán miles de años en recuperarse, si es que algún día lo consiguen. Pero a nadie parece importarle…
En mitad del Valle del Guadalquivir se abren hoteles que crecen dando mordiscos al monte, que antaño les proporcionaba alimento. El camino de la supervivencia cedio hace años ante el turismo y la trivialidad. Monumentos de piedra caliza se extienden a lo largo y ancho del parque, configurando maravillosos paisajes que nunca acaban por conocerse del todo. 
Una vez atravesados los parajes de estas sierras ya nos habremos sobrecogido con la angostura y verticalidad de sus paredes; deleitado con la agradable sorpresa de los manantiales, paredes rezumantes y surgencias del río…
Habremos atravesado el bosque lauroide en toda su plenitud, acompañado de  idílicos musgos, helechos y bojedas. Visto florecillas carnívoras, lagartijas de Valverde y con un poco de suerte y silencio algún mamífero más grande. Pero, nada permanece igual después de una visita, y mucho menos después de miles. Por ello, la Sierra de Cazorla pierde cada día un poco más  de ese mismo encanto que engrandece su nombre. Una pérdida que amenaza seriamente con exprimir y destruir lo que ahora es naturaleza.  
Resulta un alivio que aún queden miles de lugares de difícil acceso o simplemente desconocidos, que quedan al margen de una actividad incontrolada que comprometería toda su magia. Como dijo el naturalista Joaquín Araújo, para todavía demasiados, pasar un día con la naturaleza les parece lo mismo que quedarse delante de la televisión.
Queda un largo camino para comprender y hacer comprender que el futuro de este patrimonio de la humanidad depende de cómo lo protejamos hoy…

Y volvemos a subir por el puerto para salir de estas sierras. Después de haber visto grandes contrastes, una vista del inmenso valle nos despide. Y ante tal inmensidad es posible entender que la conservación futura depende, más que nada, del presente.



miércoles, 7 de marzo de 2012

Los dibujos animados infantiles y educativos


Pocoyó, aprende riendo

¿Qué son los dibujos animados infantiles y educativos?

Lo primero a entender al hablar de dibujos animados infantiles es que un film no es infantil por el mero hecho de ser de dibujos animados. Esto es algo que no se tiene totalmente claro al programar los contenidos de las televisiones o, al menos, no se respeta como debería. Los dibujos animados se remontan a los cuentos de hadas; Walt Disney fue el primero en comprender la importancia de éstos como nuevo medio de expresión. Las historias de Disney, blancas y moralizantes, han “educado” a generaciones.
En la era de la televisión, el público infantil se ha convertido en uno de los principales consumidores y las empresas productoras han sabido aprovecharse de ello. Pero, no todas las iniciativas tienen en cuenta la influencia que puede causar la televisión en la creación de un imaginario infantil o en la transmisión de unos valores. Cada vez son más los psicólogos que señalan que los films de dibujos animados producen en los niños impactos que pueden tener signo positivo o negativo. Por ello, es necesaria una programación infantil educativa. En el inicio de los dibujos animados ya se señalaba el enorme potencial educativo que tendrían si se utilizaban bien. Tomás G. Larraga indicaba en su libro: “sin duda, para los educadores futuros, el dibujo animado será el instrumento más dócil, más flexible, más estimulante de la enseñanza. Bastará con servirse de él.
En los años sesenta, en Estados Unidos, comenzaron a considerar a los niños clientes activos de la televisión. Se estima que un niño mira entre 3 y 4 horas diarias la televisión, que ha pasado a considerarse un agente socializador junto a la familia y la escuela. Actualmente, no se entiende la idea de una infancia sin televisión. Sus funciones son claras: el entretenimiento, la información y la formación.
Los dibujos animados han encontrado su principal espectador en las generaciones de los más pequeños, pero ello no implica que estén pensados para ellos y sean tan inocentes como pudiera parecer en un primer momento. Cuando alguien ve la tele su mente realiza varias cosas a la vez: comprende, interpreta, evalúa, asocia y critica. En el público infantil la actitud crítica aún no se ha desarrollado del todo, está en estado primario, por lo que es muy importante lo que “absorben” los niños en los primeros años de vida.
Mohrhof, especialista alemán en films de juventud, señala la importancia de los personajes humanizados y la calidad estética, puesto que el niño prefiere lo bello a lo anti-natural, que acaba resultando antipedagógico. El conocimiento del idioma y el diálogo es algo que también debe fomentarse y cuidarse de manera especial; así como presentar el film con situaciones o problemas que los niños estén en condiciones de abarcar. El niño no juzga como “historias” lo que ha visto, sino que lo incorpora a lo que “puede suceder” o “está sucediendo”.
El hecho de que un niño se crea fácilmente lo que ve en la televisión puede suponer un peligro en su desarrollo y en su educación. Es por ello que en los últimos años se ha prestado gran atención a establecer unas franjas de programación infantil más amplias y cuidadas y a la calificación de películas por edades.
Muchos niños se sienten atraídos por los productos para adultos por la curiosidad que les causa lo desconocido o lo que, sencillamente, no es para ellos (Los Simpson, South Park, ShinChan...). A veces esta estrategia se emplea para calificar el producto como un contenido “para toda la familia”, algo que queda bastante lejos de la realidad.
La definición del subgénero educativo es aquel que se justifica más por el objetivo que pretende lograr, que es la formación y transmisión de valores y conocimientos, algo que ha quedado  olvidado en la mayor parte de la programación. Los dibujos animados infantiles y educativos son aquellos que se valen del entretenimiento para introducir mensajes y actividades de valor pedagógico. El más claro ejemplo de este modelo es Barrio Sésamo (1979-2000) emitido en Televisión Española, con sus famosos personajes Epi y Blas, de los que se hicieron muñecos de peluche, juegos, puzles y se les escribieron nuevas aventuras.
La evolución tecnológica a la tercera dimensión y la creación de la sensación de profundidad ha permitido crear nuevos productos de animación. Pocoyó es uno de los ejemplos más actuales de éxito entre el público infantil (de 1 a 4 años, con un público secundario de hasta 5 ó 6 años) y de alta calidad y nivel educativo. La serie de animación se distribuye en más de cien países, y los foros de madres y padres sirven para aumentar su popularidad. Es una producción de Zinkia Entertaiment y Granada Producction  que se inició en el año 2005 en Reino Unido y ha evolucionado considerablemente. En octubre de 2006 comenzó a emitirse en España, en los canales TV2 y Boomerang.

Un buen ejemplo: POCOYÓ (Dirigido por Guillermo García & David Cantolla)

¿Por qué a los niños les gusta Pocoyó? La respuesta a esta pregunta es simple: porque es un niño para niños, que vive en un mundo de niños. Los adultos no existen o, al menos, no tienen presencia física en la pantalla. Y la clave de su mundo es la diversión, a través de la cual aprende: ‘aprender riendo’. El nombre de la serie y del personaje vino de la pronunciación de un niño al rezar: "Jesusito de mi vida, eres niño “pocoyo”...".
Uno de los elementos más importantes de este tipo de contenidos es la diferenciación entre bien y mal. Cada capítulo, de siete minutos de duración, presenta un problema que surge y la mejor solución que se le puede dar, logrando transmitir al final un mensaje positivo a través de valores como la alegría, el esfuerzo y la amistad. La presentación estética y artística sirve para estimular los sentidos de los niños a base de colores llamativos y música, además de la duración corta para que el niño no se pierda en la historia y la narración sencilla.
Pocoyó pretende lograr que los niños no se sientan ‘tontos’, para lo cual, en lugar de dar lecciones, trata de enseñar a que los niños aprendan solos, usando la interactividad con el espectador. Estimula el mundo de la fantasía para fomentar la imaginación,  al mismo tiempo que crea un sentimiento de diversión. Presenta conceptos didácticos de manera simple y ordenada, por ejemplo, los números, los colores, el espacio, etc., rodeados de valores humanos fundamentales. El mundo de Pocoyó representa un ideal, el tipo de mundo que madres, padres y cuidadores quieren para sus hijos.

Los personajes:
Pocoyó es un niño como cualquier otro niño de su edad, con las mismas características y comportamientos; tiene curiosidad, es travieso, inquieto, etc. En su vida, la de un niño pequeño, todo es jugar, y de cada juego va aprendiendo y descubriendo cosas nuevas. Todo lo que hay en su vida es emocionante y nuevo para, como indica el lema, “aprender riendo”. Este hecho es un elemento clave para la identificación del público infantil con el personaje, y para conseguir que se “enganchen” a la serie. Los amigos de Pocoyó son todos animales (un elefante, un pato, un pájaro, un perrito, un pulpo), y como animales, no hablan pero saben expresar sus pensamientos y/o sentimientos al espectador. En compañía de estos personajes, cada uno con personalidades complementarias, se van generando las historias dentro de un mundo exclusivo al que deberá ir adaptándose, mientras va adquiriendo capacidades.
Pato es el mejor amigo de Pocoyó; es asustadizo, tímido y cauteloso por naturaleza, con unos enormes ojos que se dislocan dependiendo de la situación para transmitir todo tipo de sensaciones. Siempre sopesa todas las situaciones, a diferencia de Pocoyó. Elly es la elefanta rosa, siempre acompañada por una mochila azul con objetos que les ayudan a salir de algunas situaciones. Se presenta como la mayor del grupo de amigos, tanto en tamaño como en edad, es ágil y toma las decisiones de importancia. Hace ballet y lleva, a veces, un patinete rosa. Este personaje representa una figura maternal y femenina para Pocoyó, ya que con su fuerza y gran tamaño lo ayuda a salir de situaciones complicadas.
Loula es una cachorrita de perro de orejas moradas y, como tal, siempre quiere jugar y saltar alrededor de todos. Es muy sensible y siempre trata de animar a Pocoyó cuando se encuentra triste. Otros personajes son Pajaroto, que es un dormilón y participa en algunos de los juegos gracias a que Pocoyó lo despierta; Pajarito, que a diferencia del anterior es despierto e inquieto; Pulpo, un pulpo rojo que suele salir del mar para jugar con todos, impredecible y muy alocado, con un lenguaje que solo entiende Pocoyó.

Temática y valores:
La forma de los dibujos animados es adecuada para los niños por la simplicidad, el colorido y la música. Pero, el hecho de que los dibujos sean infantiles, o no, está determinado por la temática. Los dibujos animados de Pocoyó empiezan siempre con el personaje jugando, hasta que de repente ve un objeto y empieza a examinarlo. La exploración y el juego con el nuevo objeto le llevarán a una situación “de aprieto” que necesitará resolverse, a lo que le ayudarán sus amigos. Estos dibujos hacen exactamente lo que deben hacer los géneros de animación infantiles y educativos, reflejan a un niño que juega, tiene amigos, vive con sus padres, pasea, va al colegio, etc., tal y como es el público objetivo al que se dirige.
La sociabilidad es un valor fundamental que pretende transmitir la importancia de compartir, de respetar a los amigos, ayudarles, y temas más específicos como, por ejemplo, la hora de irse a dormir, el lado negativo de las peleas, el hecho de no poder hacer siempre lo que hacen otros, etc. Todo ello dentro de la dualidad y simplicidad del bien y mal.  A su vez, la temática está considerada en relación a la edad, o grupos de edades aproximadas; en función de los temas, un margen de tres años supone distintas formas de recepción. En todo caso, deberá estar siempre dentro del cuadro de los intereses de los niños/as.
La extensión y la totalidad del film también influye en la comprensión y adecuación al subgénero educativo, los episodios deben estar completos, deben estar presentes los mismos personajes, para que se produzca la familiarización, y ser cortos, para que nadie se pierda en la historia.
Pocoyó es un contenido educativo pero incluye elementos de fantasía, puesto que no son incompatibles; al contrario, la fantasía fomenta la imaginación y abre la mente. Por ejemplo, en uno de los capítulos la elefanta Elly puede dar saltos hasta el espacio, y las puertas se abren llevando a los personajes a toda clase de lugares, bajo el mar, a una isla, a la copa de un árbol, etc.

Existen muchos ejemplos negativos de dibujos animados mal considerados infantiles, por ejemplo, las animaciones japonesas que siempre han destacado por contenidos violentos, sexuales, etc., nada adecuado para niños, pero que al ser de dibujos, se emite en horario de protección infantil. Uno de los ejemplos es ShinChan, un niño para adultos, que no se comporta como debe hacerlo un niño.  El hecho de que la temática refleje más el mundo del adulto que el del niño satura el film de defectos sociales, por ejemplo, la obsesión que tiene este personaje con el sexo, las mujeres, los insultos y el trato hacia su madre, o la manía de bajarse los pantalones en cualquier parte y no respetar a nadie. La verdad, es que este niño ha hecho que el público infantil lo imite en muchas ocasiones en conductas que no deberían fomentarse, ni presentarse como una diversión.
Es necesario que las animaciones infantiles se centren hacia lo que el niño encontrará en su futuro pero, siempre y cuando, las situaciones estén adaptadas a él, sin impacto negativo. Es decir, promover las virtudes sociales que por su edad le son propias, incluso a través de las fantasías.

Colores, decorado y música:
Las características estéticas también son importantes para el público infantil. En Pocoyó se presentan piezas cortas, en las que situaciones muy concretas se desarrollan en un mundo de gestos, colores, formas y música, con lenguaje visual impactante. La forma en la que el dibujo está desarrollado ayuda a captar la atención del público y a cumplir con el objetivo final.  El mundo de Pocoyó y sus amigos se presenta con una textura y aspecto suave en tres dimensiones, que lo convierte en algo cercano y alegre.
El color tiene una gran influencia psicológica en los más pequeños en la determinación de bueno o malo. Predominan los colores claros, sobre el fondo blanco que hace que todo destaque y sea más fácil de apreciar, para evitar las distracciones. Si Pocoyó necesita un juguete, éste aparecerá en “su mundo”, si mira al cielo aparecerán las nubes, y si tiene una llave aparecerán las cerraduras en cualquier parte de ese espacio creado. La música complementa y tiene también gran fuerza psicológica para las emociones y  la comprensión. Es pegadiza y alegre, hace que uno se levante y baile, y se adecúa al uso estudiado de la narración para aclarar y transmitir significados. En definitiva, contribuye a lo que los psicólogos llaman ‘educación del sentimiento’.

El narrador:
El narrador tiene el papel de padre o cuidador en la vida de Pocoyó y se convierte en un amigo para la audiencia (Stephen Fry es el narrador en la versión inglesa, mientras que José María del Río es el de la española). Su voz y “presencia” funciona como figura mediadora y de autoridad, al mismo tiempo que puede propiciar la identificación para los niños con sus propias figuras paternas o maternas.
El narrador hace las preguntas y espera que los niños desde sus casas delante de la pantalla den la respuesta, animados por las voces que representan a otros niños que responden, Así, se les anima a participan por el simple método de la imitación. Este es uno de los atractivos más importantes de la serie, la interactividad, el elemento que mayor importancia juega a la hora de transmitir valores universales y educar. Con la interactividad se propicia una retroalimentación. El tono interrogativo y el espacio que se deja para que los niños den sus respuestas permiten, no solo que reflexionen acerca de cuál es la solución a los problemas o de Pocoyó sino que, además, los niños interiorizan esa información para poder aplicarla después a su propia vida.
La interactividad:
Solo escuchamos las voces de Pocoyó, las del narrador y las voces de fuera de campo de los niños al responder a las preguntas, simulando que son los propios espectadores. Utiliza estas voces de “niños espectadores” para llamar la atención de los personajes en el momento justo de una disputa, una desobediencia o alguna otra lección que transmitir como, por ejemplo, para que dejen de pelearse o para pedir a Pocoyó que se marche a dormir. Otro ejemplo de animación similar es la latinoamericana Dora, la exploradora, que presenta a una niña de unos 5 años de edad que vive aventuras y se desenvuelve en el campo, gracias a su mochila y a la ayuda de sus amigos y del público que responde a las preguntas del narrador. 
La interactividad  y las nuevas tecnologías han permitido la creación de otros espacios para fans, y Zinkia utiliza todas las ventajas y la popularidad de Pocoyó para crear el ‘universo Pocoyó’, con juegos que mantienen y promueven los mismos valores. El éxito que alcanzan los personajes animados entre los más pequeños viene de muy atrás. Con Disney los dibujos animados saltaron a las páginas de prensa, como Mickey Mouse con su propia revista, Dumbo, las princesas, etc. El merchandising de Pocoyó es enorme, desde muñecos de peluche, hasta un mundo virtual en el que se pueden crear avatares similares a Pocoyó y personalizarlos, juegos para videoconsolas, incluso una aplicación llamada pocoyizate.


 Los niños a los que se dirigen los dibujos animados tienen poca capacidad de discernir la escala de valores, no mantienen la misma actitud crítica ante el televisor que un adulto, no saben que lo que observan es un producto, ni que ellos mismos son consumidores. Por ello, la producción de estos contenidos debe ser positiva y no deformativa. De ahí deriva la importancia de este género como instrumento dócil y flexible para la enseñanza.
En un seminario del Centro de Formación de Televisión Española, celebrado en diciembre de 1964, ya se adelantaron los peligros que encerraba la televisión (mal usada) para la infancia. Entonces, temían que se implantaran concepciones y esquemas mentales norteamericanos y latinos a través de las animaciones, ya que estos países eran los principales productores. Sin embargo, ello ya no supone un problema ya que actualmente se ha logrado abrir el camino a las producciones españolas y europeas.  Aunque aquí no se acaban los problemas.
La televisión, esencialmente económica, presta poca atención al sentido formativo y educativo que podría dársele al medio, pues para hacer un programa de calidad se necesita más dinero y se obtienen menos beneficios. La 2 es una de las cadenas que emiten la serie Pocoyó y otros contenidos más especializados, pero ahora se encuentra en un momento de encrucijada y redefinición; la titularidad pública y los recortes en los presupuestos amenazan la existencia de muchos programas. Este hecho no supondría un problema si hubiese más cadenas que emitieran este tipo de contenidos para la infancia.
Pocoyó está valorado por la mayoría de padres y madres como el mejor contenido para los más pequeños, de ahí la cantidad de premios que ha recibido a nivel internacional. Esto es así gracias a que en su elaboración están presentes psicólogos de diferentes especialidades relacionadas con el aprendizaje, que revisan cada mínimo detalle. El niño posee una mentalidad “sui generis” que precisa de un lenguaje propio y no prestado del mundo de estereotipos, prejuicios y sentido peyorativo de los adultos. Es decir, los problemas no deben ser más intensos que la capacidad que tiene el niño, en relación con su edad y ambiente, para resolverlos. Además, la presentación de lo educativo como recreativo hace que el aprendizaje y la interiorización del mensaje sean más efectivos.
Pocoyó anima a los niños a hacer lo mismo en su propio mundo, de manera simple y visualmente moderna, con melodías pegadizas, que llegan incluso a atraer y hacer reír a generaciones más adultas. Un género que debería potenciarse, aunque lo fundamental sigue siendo que los padres y madres sean conscientes de qué tipo de programas ven sus hijos en televisión, para poder alejarlos de los que no son adecuados y, así, contribuir a la redefinición positiva de la programación infantil.